Los Puentes Universitarios de Inclusión se inspiran en esta misión: transformar la universidad en un ámbito abierto y solidario, capaz de generar alternativas concretas frente a los desafíos de nuestro tiempo.
Este Puente nace de la convicción de que la universidad no puede encerrarse en sí misma ni quedar atrapada en lógicas de poder, intereses o elitismos. Su vocación más profunda es ejercer un rol crítico y propositivo frente a la sociedad, aportando saberes y prácticas que promuevan justicia social, inclusión y desarrollo humano integral. Como señaló el Papa Francisco, la universidad está llamada a ser un laboratorio de sabiduría, donde se armonizan el enfoque científico y técnico con el humanista, uniendo la mente, el corazón y las manos en un mismo horizonte formativo.
La interdisciplinariedad, el diálogo entre saberes y la libertad de investigación son esenciales para garantizar que la universidad sea un ámbito de verdad, de libertad de espíritu y de honestidad intelectual.
Más allá de formar profesionales, este puente apuesta a que las universidades se conviertan en fuentes de inclusión social y esperanza comunitaria. Así, la universidad se transforma en una periferia fecunda, capaz de acoger y aliviar las pobrezas existenciales de nuestro tiempo, vinculando el aprendizaje con el compromiso transformador; siendo actores estratégicos en la tarea de organizar la esperanza y de hacer posible una sociedad más justa, fraterna e inclusiva.